Desde hace ya un tiempo, el tema del bajo crecimiento económico del país está en el ojo del huracán de políticos, analistas, empresarios y ciudadanía. El descontento y preocupación tiene que ver con el hecho de que México ha crecido a tasas bastante menores a las del resto de países comparables, menores a las de países de América Latina y, sobre todo, por debajo de su potencial. El impacto de tener cifras de crecimiento modestas es muy evidente en términos del bienestar general de la población, el crecimiento del ingreso per cápita, así como el crecimiento del empleo y los salarios. Todo esto crea la sensación de que no avanzamos y que el progreso está estancado. Sin duda, este factor es uno de los que ha estado en el fondo del descontento de gran parte del electorado en las votaciones durante el reciente proceso electoral.

Sin embargo, es importante hacer algunas acotaciones. Algo que se observa es que tenemos regiones, estados y ciudades del país que observan ritmos de crecimiento mucho más parecidos a los de países asiáticos (Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro) que a los que estamos acostumbrados en el país. Así, tenemos estados del país que crecen a ritmos impresionantes y estados del país que tienen crecimientos negativos muy importantes (Tabasco y Campeche, entre otros). Es, ni más ni menos, la maldición del “promedio” que nos empareja a todos, aunque no seamos iguales.

¿Pero qué es lo que pasa?

Explicaciones al crecimiento de nuestro país por debajo de su potencial hay muchas. En forma muy resumida la capacidad de crecimiento de un país depende de su mano de obra, su capital (maquinaria, equipo e infraestructura) y su tecnología (forma de producir las cosas). Si nosotros agregamos mano de obra y capital crece la producción y si mejoramos la tecnología, pues crecemos más al hacer “más con lo mismo”. De igual manera, si algunos de estos factores se quedan fijos con el mismo número de equipos y tecnología y si aumenta la mano de obra, la productividad por empleado va a bajar y nuestra producción total llegará a un límite en un periodo de tiempo dado (con dos tijeras sólo puedo cortar el pelo a dos personas a la vez, aunque tenga tres peluqueros). Necesitamos también más inversión en tijeras.

Crecimiento bajo por baja productividad

En este sentido, una de las explicaciones más escuchadas en los últimos años para la falta de crecimiento tiene que ver justo con la productividad, que no es otra cosa que hacer más con los mismos recursos. El crecimiento de la productividad es dispar entre empresas grandes y las micro y pequeñas empresas. Las empresas grandes son más productivas porque tienen acceso a tecnología (métodos de producción, equipos de cómputo, mejores maquinarias y equipos) que les permite hacer más con lo mismo y experimentar incrementos en la productividad, además que pueden agregar equipos y maquinarias para con más mano de obra producir más.  Al contrario, las empresas pequeñas y micro con menor acceso a recursos de cualquier índole acaban produciendo lo mismo con más gente o solamente produciendo más con más gente, por lo que no hay ganancias en la productividad y el crecimiento es menor. Por decirlo de alguna manera, entre más ingenio para producir mayor productividad y crecimiento.

Crecimiento bajo por baja acumulación de capital

Otra explicación es que en los últimos años el país ha experimentado niveles de inversión menores (como porcentaje de PIB), por lo que el crecimiento de la economía ha sido menor al que podría ser. En la medida que se invierte menos en equipo y maquinaria, la capacidad de crecimiento se limita de forma importante. Si las empresas invierten menos de lo que podrían -por la razón que sea- el crecimiento es menor. Lo que hemos experimentado recientemente es que el gobierno ha contraído su inversión y la inversión del sector privado no ha sido suficiente para compensarla. Así, al estar invirtiendo menos del óptimo tenemos ahora una menor capacidad de producir y, por lo tanto, de crecer.

La pregunta obligada es entonces: ¿cuáles son los factores que impiden el crecimiento de la inversión en el país? Por el lado del gobierno, tenemos el tema de las finanzas públicas. Un gobierno que está al día y que cada vez gasta más en cosas y hace menos en inversiones. Sin ir muy lejos, muchas de las obras simplemente no se llevan a cabo. En 1992 se empezó con la idea de un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México y llevamos 18 años tratando de “aterrizar” uno y todavía no lo logramos, han desfilado: Atenco, Tizayuca, Texcoco y ahora Santa Lucía. Y qué decir de obras como el tren de alta velocidad México-Querétaro-Guadalajara que llevamos por los menos otros 18 años tratando de “encarrilar” y todavía no encontramos la forma. Y otro proyecto que no se “sacó a flote” fue Punta Colonet, que buscaba competir por carga contra Long Beach-Los Ángeles aprovechando la saturación portuaria en ese corredor de los Estados Unidos. Por el lado del sector privado existen también limitantes para crecer que tienen que ver con factores relacionados con la incertidumbre, el Estado de Derecho y la seguridad, que afectan de forma importante las inversiones, aunque también pareciera que faltan proyectos para invertir más allá de las inversiones inerciales.

Hoy más que nunca el sector público y el sector privado requieren trabajar en forma alineada y estructurada para dar la vuelta a esta caída en la inversión en el país. Es necesario elevar la inversión como porcentaje del PIB y esto necesariamente requiere alinear los objetivos públicos y los privados de una forma en la que no se ha hecho antes y para la cual no hemos creado un mecanismo o foro de colaboración apropiado en el que se alineen intereses. Este mecanismo o foro no se puede copiar y tiene que ser una receta muy mexicana, hecha a la medida de nuestra cultura. ¿Cómo alinear el crecimiento de las Pymes poco capitalizadas con el de las grandes empresas privadas y modernas? ¿Cómo crecer la acumulación de capital físico por medio de inversiones privadas más allá de las inerciales y estrictamente necesarias para seguir operando y creciendo al ritmo que no queremos? ¿Cómo asegurar que se conceptualicen proyectos de impacto en la productividad y de beneficio social en el que se consideran a todos los grupos de interés para que sean viables? ¿Cómo asegurar que los proyectos se concluyen en los términos y condiciones adecuados para que se trate de cada vez más proyectos y no cada vez menos y señalados? Con liderazgo.