Largas jornadas de trabajo no son sinónimo de mayor producción económica. Se pueden trabajar muchas horas al día y registrar una baja competitividad, como es el caso de México. En sentido contrario, los ciudadanos en Irlanda tienen un volumen promedio de horas trabajadas mucho menor que el mexicano y producen más del doble anualmente.

La productividad laboral se mide a través del cruce de dos variables: la producción total (PIB) y el tiempo de trabajo (horas hombre). Cuanto más bajo sea el PIB por hora trabajada en un país se podrá distinguir un menor aprovechamiento de los recursos humanos, así como menor eficiencia del factor trabajo.

En México los trabajadores tienen la jornada más larga de todos los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el PIB por hora trabajada más bajo. Cada hora trabajada por un mexicano produce apenas 21.6 dólares; la media de estos países es 54.8 dólares. ¿Por qué sucede esto?

Véase  dato infográfico.

De acuerdo con la OCDE, la composición de los factores productivos juega un papel importante, pero el entorno social es aún más determinante para elevar la productividad agregada. Sugiere que este es el gran reto para que los países en desarrollo incrementen sus niveles de productividad laboral: cerrar las brechas de desigualdad y lograr inclusión social.

El bienestar de los trabajadores se traduce en mejor aprovechamiento de sus capacidades. Los países con niveles altos de productividad registran un número de horas de trabajo mucho menor, lo que le permite destinar tiempo a actividades personales, recreación y esparcimiento. En estos países también existen incentivos para la ciencia, la investigación y el desarrollo, fomento a las actividades culturales y grados bajos de rezago educativo. Un nivel de vida óptimo es clave para potencializar la productividad laboral.

Para que la productividad laboral aumente, señala la OCDE, se requiere de la integración de políticas públicas. Una perspectiva de inclusión social es necesaria para que en la medida que la redistribución del ingreso nacional sea equitativa, los trabajadores puedan potencializar sus capacidades laborales de manera intelectual y colectiva.

Aumentar la productividad laboral es importante para reducir el rezago de los países en desarrollo, específicamente los de América Latina. La OCDE identifica que el aprovechamiento de los recursos humanos a escala nacional también se ve limitado por baja inversión pública en educación de calidad e igualitaria y en innovación tecnológica, así como de poca intervención regulatoria para tener un mercado más competitivo.

De modo que cuando un país tiene niveles bajos de productividad laboral no significa que sus trabajadores tengan menores capacidades. La baja productividad agregada se deriva de la composición de los factores productivos en el país y las condiciones laborales, económicas y sociales no logran potencializar y aprovechar eficientemente los recursos humanos.